En los labios

Aún fantaseo con la utopía del olvido ¿Por qué no podría quedarme con lo aprendido y evaporar el sufrimiento? Probablemente, no es un deseo exclusivo en mí ya que todos hemos sufrido fracasos.

Pero aquellos segundos… ese cúmulo de sensaciones… están grabados en mi mente. Y ojalá pudiera decir que logré sacar algo positivo de alguna de ellas, pero despedirse de un sueño sólo tiene como alivio pensar que no fue un adiós, sino un hasta pronto. De todos modos, creo que no importa el tiempo que haya pasado ni tampoco el que pasará, es cierto que el tiempo cura las heridas pero jamás borra el recuerdo. Aun así, intento convencerme de que el dolor fue la manera que me hacía sentir que fue real. Puede que suene enfermizo, pero lo único bueno de este sentimiento es que siempre ha conseguido hacerme sentir viva.

Si lo miro de otra forma, creo que puedo compararlo con mi adicción al tabaco: lo deseo o incluso, en algunos casos insanos, lo necesito. Noto el paquete presente en el bolsillo, y sé que puedo recurrir a él sin problema. Así lo hago. Saco la cantidad justa de tabaco de liar, la medida que con la experiencia sé que quiero, y me dispongo a separar las hebras. Puede que no lo parezca, pero en realidad, lo hago con cariño y paciencia, aunque en cierto modo, en mi cabeza ya estoy imaginando la boquilla en mis labios. En mi mente ya está la primera calada.

Eh, tranquila– me digo.

Suspiro, y cuando lo tengo preparado, saco el fino papel transparente donde colocaré aquello a lo que me he dedicado minutos antes. Seguidamente muestro aquella deseosa boquilla blanca que sé que se tornará amarillenta con el paso del tiempo, pero en ese mismo instante, me parece tan clara que ni siquiera se me pasa por la mente. Como siempre, tan sólo siento la ilusión del principio.
Prenso el tabaco e introduzco la boquilla blanca por un costado, aprieto y empiezo a enrollar. A veces cuesta, otras veces no tanto, depende de la destreza o la pericia con el paso de los años. Paso la lengua por la cola y lo pego. Cuando se es un principiante las bases suelen ser desastrosas, pero cada vez escojo mejor.

Muy bien, vas mejorando, este te ha salido inigualable.

Lo coloco en los labios, apresándolo con cuidado. Enciendo el mechero y seguidamente lo acerco a la punta del cigarrillo para prenderlo, haciendo que el papel sobrante arda cerca de mi rostro. El color anaranjado que desprende, la luz, y esa calidez me envuelven. Incluso a veces ignoro que es capaz de quemarme.

Ahí está lo que ansiaba. Cojo aire por la boca, llenándola de humo e inspiro, haciendo que llegue a los pulmones. Y expiro, observando detenidamente el aire grisáceo que libero de mi interior. Es como un suspiro. Repito de nuevo este proceso, y sin embargo, no me cansa. La sensación no es la misma al principio que una vez ya empezado, pero siento su calor, tranquilidad y paz.

El efecto de cada cigarrillo no es exactamente igual, depende de las intenciones: si es necesidad, si es capricho, si es antojo… Cuando es lo primero, se agota demasiado rápido, sin disfrutarlo, tan sólo se busca saciar las ganas. Si es capricho, no se presta atención al sabor de la nube sombría.

Sin embargo, esta vez no fue así para mí. Yo disfruté incluso de los suspiros, me llené de sus caricias, adoré cada segundo de su compañía, cada momento que me perdía en sus cristalinos ojos verdes. Y si cerraba los míos, lograba imaginar a la perfección las dos pecas de su espalda, el tatuaje que tenía en el antebrazo. Recordaba cada escalofrío que me recorría de arriba abajo cuando pasaba la yema de los dedos por mis hombros, por mis mejillas… Se quedaba grabado en mi mente la forma en la que su mirada sonreía junto con la curva de sus labios, que iban al mismo compás. Intenté que se alargara el tiempo todo lo que pude, intenté sentir cada emoción a flor de piel, al igual que traté de hacerle feliz, porque descubrí que esa era la manera en la que conseguía hacerme feliz a mí. No sólo era amor, no sólo cariño, ni sólo pasión, sino compenetración, entenderse en silencios, en miradas… Fue la persona por la que sería capaz de luchar hasta el final por tal de mantenerla en mi vida.

No siempre las cosas dependen de ti, ya lo sabes.

Como cuando estoy en el balcón, sola, sentada en el banco con la espalda en la pared. Viendo la luna llena y las estrellas que la acompañan, haciéndola más perfecta todavía en el cielo oscuro. Sintiendo la noche sobre mis hombros y el cigarrillo que tengo entre los dedos. No hay prisa. No existe el tiempo. Ahora sólo estoy yo conmigo misma y el humo que sale de mis labios.

En los labios – se repite en mi mente.

Sí. Ahí fue donde me besó bajo la lluvia, donde me besó en las noches más frías y en las más calurosas, donde me mordía jugando, donde besaba mi sonrisa. Y sí, fue él el que me dio los besos más hermosos, los más suaves, los más lentos, los más vivaces, los más deseosos, e incluso los más inocentes. ¿Cómo no iba a amar a un chico así? Un chico que no tenía miedo a que lo viera llorar, que no tenía miedo a hacerme ver que necesitaba un abrazo, que era el primero que se moría de ganas por hacerme reír. Y lo más importante… ¿Cómo no iba a amar a un chico con el que podía ser totalmente yo misma? Al que le seguía pareciendo la más bonita incluso recién despertada, que me respetaba, me valoraba, y apoyaba todos mis sueños. Sólo él me removía por dentro, hacía enloquecer mi alma y calmar mi corazón.

Hasta que te quemaste.

No tuve más remedio, por mis ganas de no querer rendirme y por mi fuerza para insistir cuando en realidad ya estaba perdido. La última calada quemó mis labios, pero él quemó mi corazón. Grabó a fuego recuerdos que jamás olvidaría y dejó impregnado mi cuerpo de su amor, para después irse.

Se apagó.

Como una estrella cuando abandona el firmamento, o una llama apagada por una lágrima. Dejando un corazón vacío, destrozado, hecho pedazos. Sin embargo, aun estando condenada a ser incapaz de odiarle y tener la certeza de seguir amándole, puedo decir, que esta ha sido la vez que más orgullosa he estado de haberme quemado.

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3 thoughts on “En los labios

  1. No he conocido a otra persona que hiciera tal apología a esta adicción y mezclando con el amor hacia otra posible persona. He disfrutado cada una de las líneas con un cigarro. Qué mejor guiño. No voy a perder de vista cada uno de los escritos. Ya me tienes. Espero que fumes por mi, por que en la estación base del planeta rojo no puedo fumar, haría saltar todo por los aires. Siempre me queda imprimir este texto e imprimirlo para leerlo tranquilamente sobre la superficie. Me ha gustado de verdad. Saludos y gracias por este regalo visual.

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