Nuestra otra piel

Todos tenemos un traje especial, a pesar de que aún hay personas que tienen que encontrarlo. Es un traje que nos confunde al fundirse con la piel, porque no sabemos si es un atuendo o si forma parte de nosotros, pero ahí está.

No se trata de un vestido rojo que va a juego con un pintalabios carmín, ni tampoco un esmoquin que luce con unos mocasines carbones. Pero ni el más entallado o lujoso de los trajes consigue tener el valor suficiente para retarlo.

En este tipo de moda no importa si eres alto o bajo, si tu tez es morena o pálida, si tu cuerpo es hercúleo o inspirador como una musa, porque siempre hay un traje. Un traje ideal para reflejar aquello que eres y no lo que pretendes ser. Es inevitable, tarde o temprano acaba apareciendo.

Y efectivamente, se trata de aquello que nos ilusiona, que nos llena, que nos inspira. El ser humano no está hecho solamente para observar, está para vivir, para sentir, para crear. Ya decía Nietzsche que el arte es el único método para comunicarnos en la viva realidad. Y esa precisamente es nuestra verdadera piel: no es el color de los ojos lo que nos define, sino el fuego que emana de ellos.

Ese es el traje que más nos favorece, el que más importa y el que deberíamos ver y valorar más que unas simples apariencias. Todos estamos hechos para aportar nuestro granito de arena en una sociedad que aún tiene esperanza, todos estamos hechos para volcar lo que hay dentro de nosotros y compartirlo. Quién sabe si nuestra voz conmueve al más frío de los mortales, quién sabe si las líneas que dibujamos en un papel reflejan mucho más que una realidad, quién sabe qué increíbles historias se encuentran detrás de cada palabra…

Eso somos y eso necesitamos: crear. Crear mundos de ensueño, para que sean narrados y lleguen a oídos lejanos, crear cálidas melodías, para que canten hasta las almas de hielo, crear esculturas inimaginables, para que formen parte de un lugar especial, crear vestidos de colores, para que vistan nuestro traje en la piel, crear cuadros con la pintura más mágica, para emocionar al más dulce observador, crear vídeos inmortalizando momentos, para recordar quiénes éramos y de dónde venimos…

Hasta la más pequeña creación puede alegrar el día de alguien. Y es que, tal vez se pasa por alto, pero hay personas que visten trajes más sencillos y fáciles, pero los más hermosos, hay quien crea sonrisas para aquellos que menos se lo esperan.

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