Sin remitente

Últimamente me he aficionado a escribir cartas sin remitente. De todos modos, creo que si le pusiera destinatario el resultado seguiría siendo el mismo.

Tal vez soy yo que me he quedado en el pasado, que me sigue gustando la poesía, las canciones en susurros por las noches, los días de lluvia con manta y un buen libro -en papel, claro-. Quizá soy yo, que aún me gusta escribir los te quiero, que me gustan los abrazos eternos entre sábanas deshechas, que me gusta absorber cada precioso detalle.

Ahora, sin embargo, se oculta la fragancia en humo, se tapan ojos verdaderos por falsos dibujos, se olvida que existen las caricias sinceras cuando la música ensordece los oídos. Se vive mirando una mentira cuando la realidad está justo enfrente.

Invisible. Ahora se teclea en luz roja y se escucha en azul, mientras la vida da vueltas alrededor de la verde. Ya nadie es consciente del día a día, se vive absorto en aire espeso que queda en la garganta. Me pregunto si vale la pena mirar atrás y tener recuerdos borrosos por la bruma.

Nadie escucha el cristal que cae contra el suelo. Ya nadie leerá las cartas y nadie las contestará.

Haz clic en Sin remitente para escuchar esta entrada

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